2006/10/01

[This space was reserved for a writting of Paula Escobar and now it is occupied]

LA INMENSURABLE DISTANCIA… LA INSONDABLE MUERTE


Me encuentro aquí, taciturna, escuchando con profunda atención el inaudible sonido producido por los golpecillos de las pequeñas gotas de lluvia que chocan contra el frío vidrio de mi ventana, tratando de encontrar las palabras precisas al momento de escribir frases que tendrían mucho sentido pero que igualmente carecerían de él; mi mayor preocupación ha comenzado, al sentirme imposibilitada de transmitir en letras lo que pienso y lo que siento, sobretodo cuando quiero evitar caer en la simpleza del lenguaje y en la superficialidad del tema… superficialidad que me parece una muestra más del terror que rodea este patético período. Fue bajo el influjo de estas insignificantes reflexiones y de las líneas de un conocido autor que me motivaron a escribir acerca de lo que más admiración y curiosidad despiertan en mí, la insondable muerte que se convierte en inmensurable distancia.

“Desgraciadamente él ya no está y cosas fundamentales han quedado sin decirse entre nosotros; cuando el amor es ya inexpresable, y las viejas heridas permanecen sin cuidado. Entonces descubrimos la última soledad: la del amante sin el amado, los hijos sin sus padres, el padre sin sus hijos” Estas líneas pertenecen a Sábato, quien en su libro Antes del Fin quiso dar a conocer la percepción que tenía de su propia vida cuando se encontraba en el momento más triste, cuando sabía que la muerte se encontraba ya muy cercana a él… y lamentablemente es cierto, nos atrevemos a expresarnos únicamente cuando es imposible ser escuchados, cuando es imposible obtener una respuesta, cuando desgraciadamente esa persona ya no está…

¿Qué tiene la muerte acaso para llegar a producir la inenarrable tristeza y el incontenible llanto en las personas que claman por los seres queridos, cuando la fe nos ha enseñado que al morir el cuerpo, el alma trasciende a una mejor vida, entonces, por qué seguir con las lamentaciones cuando el ahora amor perdido ha abandonado, al fin, la caótica carga de la infame existencia, y ha encontrado, para su fortuna, el anhelado estado de paz; no nos convertiría, acaso, esa lamentación en seres execrablemente egoístas? Discierno de esta manera que la in-humanidad solo ha sido capaz de encontrar la felicidad con los elementos inteligibles y sí esta se esfuma como lábil bruma cuando el elemento sensible se convierte en elemento etéreo, entonces creemos que la única manera para sentirse pleno es con aquello que solo llega a nosotros a través de la experiencia de los sentidos…

No pretendo ahondar en mi propia definición de muerte o de felicidad, no las veo como cuestiones separadas, pues me atrevo a afirmar, a pesar de la falta de experiencia en ellas, que están estrechamente relacionadas, porque para mí ambas apuntan a la misma dirección, es decir, ambas pretenden ser entendidas como el fin y el destino del hombre respectivamente, pero yo las considero como el medio (la muerte) para llegar al fin (la felicidad), es decir, ¿por qué no ver en la muerte la verdadera felicidad?

Pero ¿de qué me sirve preguntar por el medio y el fin sino hemos podido encontrar la respuesta acertada a la trivial cuestión del hombre: el origen? Solo sé que descifrando este enigma podremos saber realmente que significa el destino del hombre, como encontrarlo y en donde, pero sobretodo, como conservarlo.

“Fui a los bosques porque deseaba vivir en la meditación, afrontar únicamente los hechos esenciales de la vida, y ver si podía aprender lo que ella tenía para enseñarme; no sucediera que, estando próximo a morir, descubriese que no había vivido". Henry David Thoreau.

Concluyo así, que debido al exceso de humanización el hombre ha perdido el rumbo y el control de su vida, convirtiéndose cada vez más en un elemento de experimentación que lo lleva a encontrarse en la inmensurable distancia y en la insondable muerte.

Paula Andrea Escobar Arenas